martes, 16 de agosto de 2011

Reflexiones defensivas (y II)

Todos los grandes equipos han basado su juego en la posibilidad de conseguir puntos fáciles desde la defensa. El cierre del rebote, el robo, la lectura de líneas de pase, así como las pérdidas del rival, como puedan ser los 8 segundos sin pasar de campo o el forzar a un rival a ir a la línea de banda. Es necesario crear estas situaciones, para generar ventajas propias.
Ahora, una vez dentro de la defensa, quiero entrar en el mundo de las categorías inferiores. Hasta la categoría de infantil, los equipos no pueden defender en zona. ¿Qué favorece esto? La necesidad de crear grandes defensores al hombre para ganar un partido. Si tienes a un crío de 2.00 metros, pues, evidentemente, tienes facilidades para ganar. Pero cuando te enfrentes a un gran equipo, te encontrarás a un chaval de 1.80 que pare a tu pívot con inteligencia.
Justo después de esta categoría, se abre la veda. Todos los equipos pueden defender en zona.  Y aquí llega el error. ¿Qué creas con esto? Equipos que defienden en zona, pero que no saben defender en invididual. Considero la defensa zonal como un recurso y no como algo obligatorio. Pero, sobre todo, considero que si un jugador es incapaz de defender al hombre, será totalmente imposible que siga correctamente una zona.

Junto a esto, reunimos otro problema. Los entrenadores que, junto a una defensa zonal (relativamente agresiva, no voy a negarlo, pero una defensa zonal al fin y al cabo) pretenden realizar lo que en E.E.U.U se conoce como run&gun, es decir, un juego basado en las ventajas al contraataque. En definitiva, creas un correcalles, porque si no tienes un jugador que sepa dar un pase de esquina a esquina, no eres capaz de generar una ventaja. Si este juego a funcionado en el ejemplo más cercano, Phoenix Suns, es por la facilidad del canadiense Steve Nash en poner la bola en el suelo y dar rápidamente un pase. Recordemos, el balón siempre corre más que el jugador.
Tras esta crítica, me preparo para dar mi opinión. Adoro el baloncesto de contraataque. Pero no por el espectáculo, si no por la concentración que requiere. Y, obviamente,  por la importancia del base. Primero, debo declarar mi amor hacia esta posición. Quizás, porque he jugado ahí gran parte de mi tiempo y he visto que era el sitio dónde más a gusto he estado; tú controlas el partido, observas la situación, y debes saber en qué momento dar ese balón, o en qué momento hay que aumentar o reducir el ritmo de juego.

Para correr, necesitas dos cosas: primero, el base. Segundo, una gran defensa. Y aquí quiero cerrar esta entrada. Existen defensas zonales que te permiten una gran versatilidad. Una zona 2-1-2 hace que el jugador del centro ayude en laterales y centro, y que los de arriba, recorran todo el arco. Sin embargo, los interiores quedan un poco relegados. Una zona 1-3-1 deja las esquinas descubiertas, y obliga a bascular a los jugadores del centro. El interior, no puede ir a las ayudas si los tres del centro no cubren. Es, quizás, la zona más sencilla de romper, el problema reside en la presión que ejerce arriba.
Y es esta presión la que me permite finalizar. Hay dos tipos de defensas idóneas para el contraataque. En primer lugar, la defensa individual, pues consigues que todos estén atentos, primero, de su par, segundo, de las ayudas, tercero, de bascular hacia el lado fuerte, sin descuidar el lado débil.

La segunda, es la Caja+1. Con el base presionando a todo campo, permite varias cosas, pero antes hay que introducir una variante más. La presión al base debe realizarse por detrás de balón, es decir, persiguiendo al base rival como en el juego de la cola del burro, aquel en el que debías quitarle un pañuelito al compañero de clase. De esta forma, creas inseguridad en el bote del rival y, sobretodo, desconciertas. Los otros cuatro jugadores, deberán situarse formando, lógicamente, un cuadrado en la zona, a modo de “caja”. Así, permites bascular hacia el centro para ir a una ayuda al base, lo que genera, rápidamente, una sucesión de ayudas para cubrir el lado débil, fáciles de hacer, además, porque son en un espacio muy pequeño.

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