sábado, 3 de septiembre de 2011

Crónica España - Gran Bretaña

(Foto EFE)


España encadenó su tercer triunfo en el campeonato al vencer por 86-69 a una fría Gran Bretaña que únicamente inquietó hasta el descanso. A diferencia de los dos partidos anteriores y pese a que se repitieron algunos errores ya vistos en el Europeo, los deScariolo mostraron una imagen más sólida y dominaron de principio a fin, venciendo en cada uno de los periodos.

Una gran puesta en escena con Rudy y Pau en plan estrella (11-2, m.4) invitaba a pensar en un encuentro relajado, pero Gran Bretaña despertó con un gran Clark e incluso llegó a ponerse por delante a comienzos del segundo periodo (19-21, m.12). Los suplentes no funcionaban y solo las individualidades permitían a España mandar al descanso (38-32).

Después de pasar de vestuarios y con el mejor Marc Gasol visto con España en mucho tiempo, el combinado nacional abrió brecha y consiguió su despegue definitivo. La defensa ahora funcionaba, los suplentes no desentonaban y, por fin, el equipo transmitía, hasta el punto de acabar el periodo con 15 de ventaja (60-45) y de alcanzar los 25 (78-53) en el último cuarto, antes de que Gran Bretaña maquillase hasta un 86-69 final que debe servir de referencia.



Espejismo inicial

Cuando vas 2-0 en el Eurobasket y lo que más escuchas son críticas o dudas sobre tu juego, suele haber dos caminos. El primero, el involuntario, el de aumentar esos nervios y de generar más y más desconfianza. El segundo, el deseado, el tirar de amor propio para desquitarse y zanjar el debate a lo grande.


Los primeros minutos bien parecieron indicar que España se apuntaba al plan B, algo que se acabaría confirmando tras el descanso. Con Pau Gasol como líder, bucle infinito, España tomaba muy pronto la iniciativa. Dos canastas de Pau impulsaban al equipo justo antes de que Rudy Fernández apareciese para martillear al cuadro británico.

Todo giraba en torno a ellos dos. Pau asistía y Rudy convertía el triple. Pau taponaba y Rudyanotaba a aro pasado. Fernández, que también se las valía por sí solo, se encargaba de robar para cerrar el contraataque machacando, dejando el luminoso en un contundente 11-2 (min.6). En el salto, toda la rabia acumulada. En el mate, todo el orgullo del mundo. Había intensidad, hambre velocidad en la pista y acierto. El viento soplaba a favor.

¿Quién se atrevía a cuestionar el juego? ¿Quién desconfiaba ahora? El único problema, el más grande también, es que es que ese amor propio de inicio lo mostraron precisamente los jugadores sobre los cuáles había menos dudas. Los cuestionados, en lugar de dar un paso al frente, volvían a repetir errores de antaño y, con la segunda unidad española en pista, Gran Bretaña se creció.Deng aparecía al fin, Reinking anotaba de tres puntos y Clark, el más activo del cuadro británico, se aprovechaba de la indolencia en defensa para acercar a los suyos con otro enceste de tres puntos. Al término del primer periodo, el 19-16 adverso, resultaba casi un triunfo para una Gran Bretaña que seguía muy viva tras ir diez minutos a remolque de su oponente. Les tocaba atacar a ellos.




Los errores de siempre

Con Deng muy vigilado y Freeland desaparecido en combate, a los de Finch no les quedaba otra que llevar el partido a su terreno para no desconectarse tan pronto. Y lo consiguieron con algo tan fácil y difícil al mismo tiempo como jugar con coherencia y mover bien el balón, aprovechando los despistes de España. Un triple del estudiantil Clark confirmaba por fin el estado de alerta en España (19-21, min.12) ante el enfado de un Scariolo que gritaba impotente en la banda.

Como en los dos partidos anteriores, a España le valía con destellos para sumar. Peligroso camino en fases más avanzadas de la competición. Un par de chispazos de Marc Gasol y un triple en contraataque de Navarro establecían un 7-0 de parcial que le daba la vuelta al duelo (26-21, min.14).

El choque entraba en una fase de color grisáceo y de corte errático en el que la fluidez brillaba por su ausencia. Entre tanta espesura y a falta de genialidad, apareció la casta de Felipe Reyes para imponerse en la pintura británica. Un pase antológico de Marc Gasol, de espaldas y sin mirar, permitía que el cordobés se estrenara y, a continuación, un palmeo con la yema de los dedos, saltando con el impulso que le dará su padre en cada partido que le reste en su carrera, volvía a poner la máxima en el luminoso: 34-25 (min.16).

Una vez más, España caía víctima de sus propios errores y, en lugar de aprovechar la dinámica para abrir brecha y vivir un encuentro tranquilo, acabó contagiada por el ritmo de su rival, que se sentía más cómodo en la batalla anárquica en la que había derivado el choque. Con un Clarkexcelso que hacía de Joel Freeland amenazando desde cualquier lado, solo el robo final deRudy Fernández, nuevamente él, dejó un mínimo colchón de 6 puntos a la hora de ir a vestuarios: 38-32. El colchón de las sensaciones, mucho más exiguo.



Marc viste de España a España

Los mejores minutos de España en el campeonato estaban por llegar. Y lo harían con la firma de un apellido ilustre, sinónimo de baloncesto, eterno, especial. La dictadura gasoliana estaba por llegar. Muy pronto Marc se encargaba de convertir en dos canastas fáciles dos brillantes asistencias que le habían dejado solo en la pintura. La siguiente se la tuvo que fabricar él, marca de la casa, con un tirito a cuatro metros.

A España no le hacía falta más que sus dos hombres gigantes. Rebote de Marc y Pau anotaba a aro pasado. Dos tiros libres de Marc, que después se la daba a Pau para que marcase a placer. Gran Bretaña sacaba la bandera blanca (52-36, m.25). España, la de la ilusión. Y es que al fin y al cabo, lo visto hasta el momento no era un problema de resultados. Ni siquiera de juego, pese a que fue muy mejorable en las dos primeras citas. La clave era la conexión, el volver a transmitir, el volver a hacer sentir de una maldita vez.

Y para llegar al aficionado se empieza por la defensa, sublime en estos minutos. Rudy pegado como una losa a Deng (¡El tamaño no importa, que lo dicen los anuncios!), Pau y Marcoscureciendo el aro en defensa a los pívots rivales y Calderón incansable dificultando la salida del balón. Cuando le forzó la infracción de 5 segundos sin botar a Lenzly, su grito se oyó en todo el pabellón. Los aplausos de sus compañeros, levantados en el banquillo, también. España volvía a ser España. Ya era hora.

El recital de Marc, con canastas de todos los colores, provocaba que en 8 minutos de juego ningún jugador español que no se apellidase Gasol sumase un solo punto, con 12 el de los Grizzlies y otros 6 para Pau. Y eso que Navarro lo intentaba una y otra vez sin acierto. No importaba. España era un vendaval e incluso los suplentes, por fin, se lo creían, con un San Emeterio muy activo en el rebote ofensivo que le puso la guinda a sus minutos de inspiración con un salvaje mate en plena conexión con Ricky. El base de El Masnou, otro resucitado en el final del tercer periodo, cerraba el acto con un semi alley oop con Ibaka –¡suplentes al poder!- que hubiera sido el broche de oro perfecto al cuarto de no ser por un triple a la desesperada desde 9 metros de Kyle Johnson, que dejó el resultado en 60-45. Qué buen sabor de boca.




Un final para disfrutar

Con la España de los partidos anteriores, 15 puntos no eran nada. Frente a Gran Bretaña, eran el pasaporte perfecto para 10 minutos de disfrute más. Tocaba recuperar sensaciones y bañarse con confianza para batallas más exigentes. Y el guión no podía acompañar más.

Pau Gasol se aburría de dominar en la pintura, Rudy seguía acertado a media distancia y fantástico en la defensa a Deng, Ibaka peinaba los rechaces del aro, Ricky se atrevía a penetrar y hasta Llull y Claver salían sin complejos desde el banquillo.

Dos tiros libres del jugador del Valencia Basket colocaban la máxima para España a falta de tres minutos, con un contundente 78-53 que acabó siendo maquillado por los coletazos final de Gran Bretaña, con Adegboye y Johnson pidiendo oportunidades a gritos… y a base de triples.

Cuando Felipe Reyes
 anotó, a falta de dos minutos, y miró hacia arriba, el cuento terminó de escribirse. Si el cordobés tiene confianza tras su tragedia, ¿por qué diablos una plantilla campeona de Europa no debería tenerla solo por haber tenido un inicio titubeante? El 86-69 puede enseñar el camino. La velocidad, solidez, confianza y sensaciones transmitidas, mucho más. Las grandes batallas aguardan.


Fuente: ACB.com

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