jueves, 15 de septiembre de 2011

Macedonia o el sueño más largo del mundo (67-65)

Bo McCalebb es Alejandro Magno (Foto FIBA Europe / Castoria)

No puede ser. No puede ser. Los dioses que rigen los sueños parecían todos vestidos de verde. Lituania había comprado ese gran sueño que era su Eurobasket, cuidadosamente organizado para su éxito y el gozo de todo un país. Pero vino un don nadie a robárselo. Vino la cenicienta más atrevida de la Historia a decir que no se puede subestimar el amor. Y Macedonia es el amor por el baloncesto que despierta ver su final de partido.

Controló el ritmo del encuentro. Llevó el partido a ese final igualado que parecía creer como su única opción de lograr la victoria. Y pulverizó a Lituania en el último minuto, cuando el gran salto les llevó a ponerse delante del marcador, con un equipo de héroes (67-65). Y con Bo McCalebb(23 puntos), MVP moral por adelantado.




Lituania imprimía desde buen inicio un ritmo anotador frenético, con ofensivas rápidas y sin reparos en la relación con el aro. Macedonia no tenía problemas para mantener el tipo en el marcador (10-13, min. 5); las dudas pesaban sobre su capacidad para sobrevivir a un partido frenético, con la escasez de su rotación (más cuando no contaban con Todor Gecevski, lesionado) y los minutos acumulados de sus hombres clave. Los de Marin Dokuzovski lograron rebajar el ritmo y mantenerse todo el primer cuarto en el partido (caían por dos puntos: 18-20). En el lado negativo, la búsqueda del nuevo milagro macedonio se topaba con los primeros problemas: tres de sus titulares (McCalebb, Ilievski y Antic) jugaran los 10 minutos y Samardziski debía sentarse con dos faltas.

El ritmo de lanzamientos había decaído y, paralelamente, lo había hecho también la efectividad, de forma que un parcial de 3-3 era todo lo que deparaba el partido en los primeros cinco minutos del segundo periodo. Macedonia alargaba sus ataques al máximo, sabiendo que si el partido entraba en el descontrol, tenía mucho que perder. Pero no hacía más que recoger problemas: la tercera falta de Pero Antic. Lituania no se sentía cómoda, pero sabía que su rotación más larga le permitía tomar ciertos riesgos, especialmente en una defensa más agresiva, con la que invertía la tendencia balcánica y, con un punto de velocidad, abría una pequeña brecha: 21-29 (min. 16).

La intensidad lituana sobrepasaba a Macedonia, que había logrado gesta tras gesta y que parecía llegar al límite de sus fuerzas al cruce de cuartos de final. Pero seguía dándolo todo, con múltiples opciones gracias al rebote ofensivo, mientras Lituania no acababa de explotar sus capacidades, que por momentos parecía que le iban a permitir romper el encuentro (30-34 al descanso).

Tras el paso por vestuarios, apareció un Vojdan Stojanovski entonadísimo, que con dos triples igualaba el partido a 38. Lituania no encontraba más que fugaces jugadas en las que sentirse cómodo. El resto, era todo la sensación de que el partido que se jugaba era el macedonio. Ninguno de los bases bálticos imponía el ritmo que necesitaba su equipo, los balones que llegaban al juego interior no plasmaban la superioridad de la batería lituana... Las diferencias en el tercer cuarto nunca superaron los 4 puntos, entrando en el periodo final con el partido completamente abierto (49-52).

Con el ritmo balcánico bien instalado, nada hacía pensar que el final no fuese apretado. Las aspiraciones de los de Dokuzovski pasaban por ahí. Por mantenerse en la línea y pegar la machada al final. Y el que estaba consiguiendo seguir el camino trazado era Vojdan Stonajovski, que encestaba su quinto triple (5/5) para colocar el 52-54, mientras Lituania caía una y otra vez en la tupida telaraña macedonia.


Con un tiro de Songaila y una penetración de Kaukenas, los bálticos conseguían irse por 5 (55-60), coincidiendo con un bache macedonio, en el que su pareja interior (Antic-Samardziski) estaba con 4 faltas. Cada ataque se convertía en una batalla, en la que triunfan los artistas vestidos de guerreros. Y esa es la definición de McCalebb, que volvía a tomar la responsabilidad en su equipo (63-65), con tras canastas que contestaban a cada puñalada lituana. Que dolía más, pues no la celebraban 12 jugadores, sino miles de personas.

Pero el dolor es mayor si son más los que lo sufren. Y eran miles de almas las que se dolían del triple de Vlado Ilievski, que anotaba uno de los lanzamientos de su carrera, tras una jugada increíble, en el sentido literal. Se la había jugado McCalebb, que no había terminado con éxito la penetración con 22 segundos en el luminoso. El rebote fue para Songaila, que falló el pase con el que iba a empezar su ataque. Sobrevolaba el fracaso en todo un país. Un país que disputaba SU torneo. En un Estado tan volcado con el baloncesto que le convertían en el local más local del mundo.

El ataque lituano, con 11 segundos de partido, fue un resumen de la tensión acumulada. De lo que se jugaban y no eran capaces de hacer. Macedonia estuvo a punto de robar el balón, tras lo queKemzura armó una jugada en el tiempo muerto a 5 segundos del final. El tiro de Simas Jasaitis, lanzado por los más tres millones de habitantes de Lituania no entraba. Fin del Mundo.

Lituania caía eliminada en los cuartos de final del Eurobasket que se había construido a medida. Y Macedonia... Macedonia es el amor. Macedonia es una postura ante el mundo que no puede despertar más que adhesión. Macedonia pasa a ser la niña bonita de todo amante del baloncesto. Macedonia vive el sueño más largo del mundo.


Fuente: http://www.acb.com/redaccion.php?id=78714

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