martes, 13 de septiembre de 2011

Monya ejerce de antihéroe para derrotar a Macedonia (63-61)

Alexey Shved lanza una suspensión (Foto FIBA Europe / Castoria)
La selección rusa cuajó una desesperanzadora actuación, mientras que Macedonia presentó sus credenciales como rival incómodo ante cualquier potencia europea que se precie. Rusia parecía tener el partido controlado, con esa eterna sensación que desprenden siempre que los marcadores son bajos y ajustados y el ritmo suyo, pero lo dejó escapar. Para que al final les acabara salvando la heroica. Sergey Monya ejerció de antihéroe con un triple a tablero que daba la victoria a los suyos en el último segundo. 63-61 para Rusia y cuartos de final definidos: Rusia-Serbia y Macedonia-Lituania.

El inicio macedonio confirmaba lo que ya nadie dudaba, que el equipo balcánico dejó de ser considerado una cenicienta varios partidos atrás. El fulgurante 0-8 daba buena cuenta de ello. A lo largo del primer cuarto, el partido se fue ralentizando, entrando en el ritmo ruso, de escasa puntuación y longevos ataques. Y buscando su superioridad interior, que le lleva a igualar el partido (11-11). Con grandes minutos de Pero Antic, el conjunto de Marin Dokuzovski lograba algunas pequeñas ventajas. Mas, cuando empezaban las rotaciones, Macedonia se resentía. Especialmente en el juego interior, en el que la lesión de Todor Gechevski en el encuentro ante Eslovenia mermaba la pintura macedonia.

Resulta difícil que Rusia enamore por su juego en bruto. Pero sí es capaz de generar admiración por la consistencia con la que lo desarrolla, con la escasez de sus errores más allá de los porcentajes y lo difícil que se está mostrando a lo largo del campeonato tergiversar la idea mental que David Blatt ha confeccionado sobre el partido. Sus ventajas son escasas pero siempre parecen consistentes, como lo era el 37-34. Si no fuera porque el 3/3 en triples de Vitaliy Fridzon(11 puntos) era puntualmente contrarrestado por el gran acierto macedonio desde el 6,75, la diferencia rusa habría sido superior.



Con el tercer periodo, el partido volvía a adormecerse y, a base de lanzamientos exteriores de sus interiores, Macedonia se ponía momentáneamente por delante (39-40). Por una vez, el que lideraba la remontada no era Bo McCalebb, que vivía prácticamente desapercibido, pasando la mayor parte del tiempo como escolta. Era un Ilievski negado en el tiro (terminó con 2/12 en tiros de campo) el que oficiaba de base.


Las estrellas rusas no rendían al nivel esperado, lo que permitía que Macedonia mantuviera el partido en máxima igualdad. Y eso pese al arranque de liderazgo de Alexey Shved (14 puntos), que parecía hacerse el amo del partido, desde la posición de base, pero con vocación anotadora (55-49). Y Rusia volvía a esa sensación de control, que es capaz de mantener el 58-51 durante tres minutos sin que se inmuten. Incluso cuando dos triples balcánicos les ponían a un solo punto. Y era para preocuparse, pues acumulaban más de cinco minutos y medio sin anotar, hasta que un afortunado Khryapa rompió la maldición (60-57).





Parecía el momento de las estrellas, que habían tenido un papel más bien secundario hasta el momento. Mientras McCalebb (16 puntos) ponía a los suyos a uno (y más tarde uno arriba),Kirilenko fallaba los tiros exteriores (1/9 en tiros de campo). Rusia no respondía en los momentos clave, deshaciendo esa imagen de consistencia y dureza. Con un pase que Antic cortaba fácilmente, le daban bola a Macedonia (con estos +1 en el marcador). Falló el ataque y los de Blatt disponían de 10 segundos, que los macedonios recortaron con faltas, pues todavía no habían entrado en el bonus.


Hasta llegar a la jugada definitiva. Rusia quedaba atrapada en un saque de fondo, con lo que decidía tirar el balón al cuerpo de McCalebb para no caer en la violación de 5 segundos. El cronómetro había corrido más de la cuenta y las protestas rusas obligaban a los árbitros a colocar 2,5 segundos en el luminoso. Suficiente para un tiro de extraña gloria. Monya recibió, se levantó y anotó un triple a tablero sobre la bocina para poner el 63-61 final. Otra vez, pues ya anotó sobre la bocina para derrotar a Eslovenia.


El glamour, varios kilómetros alejado de la victoria, que caía del bando ruso y les definía como primeros del Grupo F.


Fuente: http://www.acb.com/

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