viernes, 16 de septiembre de 2011

Navarro supera la barrera de lo humano y entierra la oda macedonia (92-80)

Foto EFE
España cumple su primer objetivo. Pero sin desatar la euforia. Un equipo de miras superiores sabe que saldar el primer tramo del reto (la clasificación directa para los Juegos Olímpicos) no es más que un avituallamiento hacia lo único que podría dejar conforme a este equipo. Seguir agrandando la leyenda con otro oro. Es el camino a seguir, marcado con unJuan Carlos Navarro que volvió a romper la barrera del sonido (35 enormes puntos, 19 en el tercer cuarto) para destrozar a a la maravillosa Macedonia. Para frenar un magnífico torneo de la mayor cenicienta. Un equipo de leyenda superado por una leyenda todavía mayor. Una oda al baloncesto superada por un hombre: Juan Carlos Navarro.


Con las ideas muy claras

Scariolo afrontaba el partido con la teórica duda de José Manuel Calderón, el base titular de la selección española, que se presentaba más importante que nunca, teniendo en cuenta el peso en el equipo macedonio de sus dos bases: Vlado Ilievski y Bo McCalebb. Despejando las dudas, el playmaker extremeño fue titular, aunque no se emparejó directamente con McCalebb. Era Rudy Fernández, el habitual defensor de las estrellas exteriores rivales, el que se encargaba del estadounidense.

El encuentro había empezado lanzadísimo, con intercambio de tiros exteriores y Macedonia presionando fuertemente la línea exterior española, lo que le permitía robar un balón que ponía el 4-7 tras contraataque, así como impedir que el esférico llegara a la pintura en condiciones habituales. En el otro lado, España estaba controlando bien la que parecía una de las claves pre partido: la vida exterior de los interiores balcánicos, que se preveían especialmente incómodos para los pívots de pintura españoles.

En el apartado defensivo, la presión de Rudy a McCalebb era siempre en primera línea, sin perderle de vista un segundo, mientras sus compañeros estaban especialmente atentos a las ayudas (incluso largas). En ataque, España intentaba sacar faltas a Pero Antic y Predrag Samardziski, completamente imprescindibles para Marin Dokuzkovski y, colateralmente, enviaban a Vojdan Stojanovski al banquillo (cometía dos faltas en las ayudas a los interiores) y al propio Pau Gasol, cuyos forcejeos con Antic le habían valido dos faltas en ataque cuando todavía no se habían disputado cinco minutos de partido.

Supliéndole salía Serge Ibaka, que empezaba marcando diferencias, con cinco tantos consecutivos (15-13) y forzándole dos faltas consecutivas a Samardziski. España empezaba a poner en problemas a Macedonia, pese a que McCalebb anotase una de sus clásicas penetraciones hasta el fondo que igualaba el partido a 15.

El partido estaba bellísimo, con ambos equipos buscando deshacer los puntos fuertes del rival y explotar los débiles. Un tapón de Ibaka a Bo trataba de minarle la moral, acabando con un contraataque de Navarro, la fiel imagen de lo que el conjunto español quiere ser y consigue a ratos. La respuesta era inmediata: triple de Antic (17-18).

España combinaba más que nunca sus dos caras. El mate de Ibaka en rebote ofensivo sucedía al mismo tiempo en que Marc Gasol recibía una técnica al reclamar lo que consideraba una falta recibida. Y, tras un instante en zona 2-3, un triple in extremis de Sergio Llull creaba el mejor escenario en el que se había encontrado España hasta el momento (26-18).

Primer intento de ruptura: fallido

Parecía que España empezaba la embestida. Aunque la zona balcánica estaba importunando severamente su ataque, aparecía Ricky Rubio para anotar su primer triple del campeonato (acumulaba un 0/12 en los 9 partidos). Pero el primer intento de ruptura era fallido. Scariolo se veía obligado a cortar el ritmo con un tiempo muerto, tras un nuevo triple de Antic y la sensación de que McCalebb empezaba a entrar de lleno en el encuentro (31-27).

Los réditos que obtenía España ante la defensa zonal planteada por Dokuzovski eran contradictorios. En el lado Jekyll, el conjunto ibérico había forzado la segunda de Antic y la tercera de Vojdan Stojanovski, pequeñas victorias en un partido que sólo se entendía en el largo plazo; en el lado Hyde, chocaban una y otra vez contra el triple, además de los errores que acumulaba Pau Gasol (1/7 en tiros de campo). Macedonia no hacía sino aprovechar el corto plazo para volver a ponerse por delante en el marcador (31-32), tras haber ido 10 puntos por detrás.

Todo mejoró con la salida de Navarro. La clarividencia ofensiva del de Sant Feliu se plasmaba primero en un triple y, después, en una mejor circulación ofensiva, que se transformaba en el 39-34. Era de nuevo el quinteto titular español el que había de solucionar el bache por el que atravesaba el equipo. Había vuelto a poner las cosas en orden, con varias acciones consecutivas de Pau, con su enorme superioridad sobre los interiores balcánicos. Pero Macedonia, cuan aldea gala, es un ejército minúsculo pero irreductible. Y con el trío McCalebb-Antic-Ilievski (57 puntos) volvía a ponerse por encima en el luminoso y se iba al descanso con ventaja (44-45).


Las cifras anotadoras hablaban de un partido precioso, en el que Macedonia establecía tanto su récord anotador del campeonato en un cuarto (27 en el segundo) como al descanso. En el otro lado, España nunca había recibido tantos puntos en un cuarto ni al descanso. Los números hablaban a favor de Macedonia. De hecho... iba por delante en el marcador.

¿De dónde vienes, Juan Carlos?

El tercer periodo empezó con intercambio de canastas, momento en el que Juan Carlos Navarro debía ponerse serio en ataque, y es que la defensa española era incapaz de parar la producción anotadora de los macedonios. Una buena muestra de ello era el robo de Pau Gasol, pasados dos minutos del tercer cuarto, que suponía el primero de España en todo el encuentro. Mas a cada pequeña victoria le seguía una derrota de igual tamaño: un balón perdido, una canasta que parecía fácil pero no acaba en el marcador... El quinteto español se quejaba amargamente de la dureza defensiva con la que se empleaba macedonia, que consideraba más allá del límite de la falta, no señalada por los colegiados.

España intentaba imprimir un ritmo frenético al encuentro, tratando de desgastar los escasos efectivos macedonios. Bo McCalebb, con un momentazo en la primera mitad del tercer cuarto, era el único que respondía a ese ritmo frenético. El base estadounidense ya había conseguido desmontar la defensa que le había reprimido mínimamente en el inicio de partido.

Pero, hablando de momentos... Los puntos de Navarro daban auténtica vida al equipo, eran el sustento que ponía a los de Scariolo por delante (67-58). Una vez más, desprendía la sensación de estar tocado por los ángeles. Superaba la barrera de lo humano y se volvía a ver al mejor Navarro del mundo. Aquel hombre decisivo que se caracteriza por un gesto. Canasta y salto blandiendo el puño para celebrarlo. Una imagen que sólo vive en canastas decisivas. Un gesto que se vuelve locura si se repite en dos jugadas consecutivas. Doblemente decisivo. Guiando hacia la victoria. Primero, con un triple estratosférico burlando una empalagosa defensa presionante. Segundo, con otro triple, que sumaba su punto 19 en el tercer cuarto (de los 27 de España). Navarro, él solo, y como si no hiciese falta nada más en el mundo, puso a España 71-62, a tocar más que nunca del éxito.

Macedonia entraba en prisas. Si en algún momento podía salirse del partido, el inicio del último periodo parecía el instante. Y, cuando el partido se estaba poniendo más peligroso para los intereses españoles, volvió Ricard Rubio para anotar desde el exterior y volver a poner la diferencia en 10 (78-68).

Aunque con dificultades, y contra la dureza del partido, España conseguía anotar con regularidad y cerrar con relatividad el grifo defensivo que Macedonia había abierto con fácilmente durante buena parte del encuentro. La superioridad de los Gasol en la pintura empezaba a imponerse más que nunca. Con 12 puntos de ventaja en el marcador, querían gritar que apuntaran su nombre en la final. Mas mientras McCalebb esté en pista no se puede enterrar a su equipo, al que volvía a poner a 8 puntos.

Esa era una barrera que se mantenía durante todo el cuarto, bien amarrada por los españoles, de nuevo con Navarro poniendo las cosas en su sitio cuando aparecía en el horizonte una mínima posibilidad balcánica. Unos descomunales 35 puntos que acababan con el sueño más largo del mundo. Un sueño escrito en cirílico. España acabó siendo demasiado para una Macedonia adorable. Navarro es demasiado.



Fuente: http://www.acb.com/

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